Circulo de Mujeres Periodistas

ADELA ZAMUDIO: VOZ FUNDAMENTAL DEL PERIODISMO Y EL PENSAMIENTO FEMINISTA EN BOLIVIA

"En elecciones no vota,
Y vota el pillo peor;
(Permitidme que me asombre)
Con sólo saber firmar
Puede votar un idiota,
Porque es hombre."
— Nacer hombre, Adela Zamudio

Paz Juana Plácida Adela Rafaela Zamudio Ribero nació el 11 de octubre de 1854 en Cochabamba, Bolivia, en una familia acomodada con raíces que iban desde Portugal hasta Argentina y Ecuador. Su acceso a la educación fue limitado, pues como era norma para las mujeres entonces, solo pudo estudiar hasta tercer grado en la escuela católica San Alberto. Sin embargo, fue una autodidacta incansable que buscó formarse a través de la lectura constante y la reflexión crítica.

Desde muy joven demostró su talento literario, publicando a los 15 años el poema Dos Rosas bajo el seudónimo "Soledad". A lo largo de más de 40 años, su producción intelectual incluyó poesía, cuentos, una novela y columnas periodísticas que combinaban exquisitez literaria con activismo social y feminista. Su obra, que transita entre el romanticismo y el modernismo, es vehículo de una feroz crítica a la sociedad patriarcal, la hipocresía eclesiástica y la desigualdad estructural que sufrían las mujeres (Biografías y Vidas, 2004).

Como pedagoga, en 1899 comenzó a enseñar en la escuela fiscal San Alberto y en 1905 fundó la Escuela Fiscal de Señoritas, la primera institución laica para la educación femenina en Cochabamba. Desde esta trinchera, promovió una educación popular y laica, contraria a la estructura clerical y elitista dominante, insistiendo en un horizonte de igualdad real para niñas y jóvenes bolivianas (Eladd.org, 2024).

Adela fue una figura revolucionaria en un país donde las mujeres carecían de derechos políticos y sociales. Su voz crítica se expresó con ironía y contundencia en poemas como Nacer Hombre y Quo Vadis, en los que desmontó la doble moral machista y cuestionó el rol privilegio de la Iglesia Católica. En Quo Vadis, por ejemplo, criticó la desviación de la Iglesia respecto a sus propias enseñanzas, convirtiéndose en un símbolo de privilegio y placer en contraste con sus postulados religiosos.

Su pluma trascendió la literatura para incidir con fuerza en la prensa boliviana. Fue una columnista activa en periódicos como El Heraldo de Cochabamba, desde donde defendió laicismo, libertad de pensamiento y reformas sociales y educativas con una mirada feminista y progresista. Fue protagonista de debates públicos, en especial por sus artículos sobre la Ley de Divorcio, donde enfrentó a sectores conservadores y a la Iglesia, que vieron en ella una amenaza, pero sin lograr silenciarla. Su nombre generó respeto y controversia, colocando en la agenda pública la posibilidad de una nueva sociedad con igualdad de derechos para las mujeres.

En el marco de esta lucha por la visibilización y la voz femenina avanzada, en 1921 surgió la revista Feminiflor, la primera publicación literaria feminista íntegramente escrita y dirigida por mujeres en Bolivia. Según relata la periodista Dayana Martínez en Muy Waso (2021), Feminiflor fue una disrupción en la prensa nacional, fundada por intelectuales orureñas como Laura Graciela de La Rosa Torres, Betshabé Salmón Fariñas y Nelly López Rosse, quienes desafiaron el papel asignado a las mujeres en la sociedad patriarcal. Feminiflor no era una típica "página femenina"; era una voz feminista que usaba el humor, la poesía y la crítica para abordar política, historia y arte, fomentando la sororidad y ampliando los espacios de expresión en una época en que la mujer no tenía reconocimiento público ni derechos civiles (Muy Waso, 2021).

Aunque Adela Zamudio no formó parte directa de Feminiflor —publicación posterior a su época— es sin duda la inspiración y el símbolo que guio a estas primeras feministas periodistas. Su legado es la columna vertebral de toda esa generación que empezó a hacerse escuchar en la prensa boliviana y latinoamericana.

Su trabajo fue reconocido oficialmente en vida: en 1926, el presidente Hernando Siles Reyes la nombró máxima exponente cultural de Bolivia, en un acto que aunque tardío, significó un justo reconocimiento a su obra y compromiso con la cultura y la sociedad (Wikipedia, 2024).

Adela Zamudio murió en Cochabamba el 2 de junio de 1928 en una situación económica precaria, pero acompañada de la dignidad de quien ofreció a Bolivia una voz irrepetible. Su tumba aún lleva grabados sus versos, y cada 11 de octubre se celebra en Bolivia el Día de la Mujer Boliviana en honor a su nacimiento y a su aporte revolucionario al feminismo y las letras nacionales.

Un hito reciente para la comprensión y valoración de su obra es la publicación del volumen N° 125 de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB) titulado «Obra Reunida de Adela Zamudio», editado por la investigadora Virginia Ayllón, la máxima estudiosa del legado zamudiano. Presentado en junio de 2021, este volumen selecciona cuidadosamente la producción esencial de Zamudio: su novela Íntimas, sus poemas publicados en vida (en especial de sus tres poemarios El Misionero (1879), Ensayos poéticos (1887), Ráfagas (1914)), cuentos (publicados póstumamente) y ensayos numerosos y valiosos (Ayllón, 2021; BBB, 2021).

La obra incluye además el facsímil de una crítica literaria inédita de Ricardo Jaimes Freyre (1887) sobre Ensayos poéticos, rescatada por Mauricio Souza, constituyendo la primera crítica formal a los versos de Zamudio. El volumen presenta también una sección dedicada al impacto cultural de Zamudio, con referencias a traducciones, musicalizaciones, material interactivo, sitios con su nombre y fotografías históricas del reconocido fotógrafo cochabambino Rodolfo Torrico, sobrino de la "Alondra del Valle" y creador de un archivo familiar custodiado por la Fundación Torrico-Zamudio (Ayllón, 2021; Opinión Bolivia, 2020).

Sobre los cuentos, aunque surgieron dudas sobre la autoría de algunos textos póstumos, Virginia Ayllón realizó comparaciones léxicas y temáticas concluyendo que la mayoría de los cuentos publicados sí corresponden a Zamudio, particularmente aquellos rescatados en periódicos y compilaciones posteriores (Ayllón, 2021; Plural Editores, 2013).

En cuanto a la novela Íntimas (publicada inicialmente en 1913), el volumen BBB incluye la edición de 1999 prologada por Leonardo García Pabón, el principal revitalizador y crítico de la obra zamudiana, además de reconocerla como la única mujer incluida en la colección “15 novelas fundamentales de la literatura boliviana” del Ministerio de Culturas (Ayllón, 2021).

La edición también recopila ensayos fundamentales, entre ellos: “Reflexiones” (1913), “Temas pedagógicos” (1914), “Por una enferma” (1914), “Discurso como mantenedora de los Juegos Florales” (1915), y “La misión de la mujer” (1922), discursos que revelan la complejidad de su pensamiento filosófico y social, la versatilidad de su escritura y su compromiso con las reformas y la emancipación femenina.

Virginia Ayllón destaca que la obra zamudiana debe ser vista como una producción íntegra, caracterizada por relaciones orgánicas entre cuentos, novela, poemas y ensayos, escritos con ironía, filosofía profunda y un feminismo no declaradamente radical, sino sofisticado, introspectivo y universal, capaz de dialogar con las jóvenes generaciones actuales que han encontrado en Zamudio respuestas a sus propias preguntas en contextos contemporáneos (Ayllón, 2021; Opinión Bolivia, 2020; Muy Waso, 2019).

Contrario a la idea simplista que solo reconoce los poemas Nacer Hombre y Quo Vadis como su legado, la crítica moderna ha descubierto en su obra una riqueza temático- estilística impresionante, que incluye la valoración de su enfoque educativo, sus pinturas paisajísticas, y sus reflexiones sobre la soledad, la existencia humana y la relación con la naturaleza y los derechos de los animales.

Su vida también desmiente el cliché de la autora sufrida; era una mujer moderna, autónoma, con sentido del humor, sarcástica y amante del ajedrez, la botánica, la pintura y la vida rural. Trabajó para mantener a sus sobrinos y vivir de su trabajo, dando muestras de independencia y valentía poco comunes para una mujer de finales del siglo XIX y principios del XX (Ayllón, 2021).

Reconocida en vida, su coronación como máxima exponente cultural boliviana por el presidente Hernando Siles Reyes en 1926 fue un acto justo aunque tardío. Adela Zamudio falleció el 2 de junio de 1928, dejando un legado invaluable que se celebra cada 11 de octubre como Día de la Mujer Boliviana, fecha que honora su nacimiento y sus aportes transformadores.

En tiempos donde el periodismo feminista y la lucha por los derechos de las mujeres se enfrentan a nuevos retos, Adela Zamudio sigue siendo un faro de inspiración. Su legado invita a usar la palabra con valentía para denunciar, transformar y construir un mundo donde todas las voces femeninas sean escuchadas, valoradas y respetadas.

En el portal del Círculo de Mujeres Periodistas de La Paz, honramos esta memoria invaluable, consciente de que su ejemplo de tenacidad y talento es fundamental para seguir levantando espacios de libertad y equidad para todas.

Referencias bibliográficas: